Texto publicado en Revista Clave, Quito, Enero 2010.
Autor: Ana María Durán CalistoA menudo hablamos de diseño medioambientalmente responsable en términos tan alejados de nuestra realidad cotidiana que nos sentimos impotentes ante la posibilidad de cambiar patrones de desarrollo que se postulan como insostenibles. Pero los grandes cambios ocurren como el resultado de la sumatoria de millares de pequeñas acciones. Le preguntamos a la arquitecta Verónica Reed -quien se especializa en arquitectura sostenible y eficiencia energética, además de haber obtenido la acreditación LEED- qué puede hacer cada uno de nosotros para construir una sociedad futura más sana desde el hogar.

Verónica, ¿cómo podemos contribuir a las grandes transformaciones medioambientales desde el espacio doméstico?

Se puede hacer mucho desde el espacio doméstico si aprendemos a ser consumidores responsables, conscientes de la economía medioambiental del hogar. Es importante que sepamos de dónde vienen los productos que compramos y cuál es su impacto en el entorno. Cuando adquirimos focos, por ejemplo, podemos asegurarnos de que sean ahorradores de energía, o si compramos un nuevo electrodoméstico, es importante verificar que sea certificado para garantizar que tiene un consumo mínimo de energía y agua, y que no se han utilizado refrigerantes tóxicos en su manufactura.

¿Nos podrías recomendar productos específicos?

Yo recomiendo los electrodomésticos con certificación ENERGY STAR (http://www.energystar.gov/). La misma se aplica a productos, sin importar cuál sea su marca, que respetan elevados estándares de producción y calidad con el menor impacto medioambiental posible. El gobierno estadounidense ofrece reducciones tributarias y beneficios financieros a quienes los usan. SWAN LABEL, por otro lado, es un sistema de los países nórdicos europeos que también certifica productos del hogar. Estos certificados facilitan nuestra toma de decisiones como consumidores y su etiqueta generalmente aparece en algún lugar visible sobre el producto.

¿Qué otras sugerencias nos podrías dar para mejorar el desempeño medioambiental de nuestros hogares?

Desde el punto de vista del agua, por ejemplo, sería ideal que reemplazáramos los inodoros convencionales con los de doble descarga, o que actualizáramos los que tenemos con dispositivos de doble descarga. Si es demasiado oneroso hacerlo, por lo menos podemos hacer el esfuerzo de ahorrar agua reduciendo el tiempo que nos toma ducharnos o recogiendo la que corre mientras esperamos a que se caliente para re-utilizarla en los tanques de los inodoros. También podemos mantener los aparatos eléctricos desenchufados para ahorrar energía. Con respecto al manejo de desechos en el hogar, vale la pena adquirir contenedores para separar la basura. Si bien Quito aún no tiene montado un sistema de reciclaje, sabemos que existen los minadores y que gran parte de la basura se recicla informalmente. Separar la basura es una contribución social y medioambiental. También existen algunas plantas de reciclaje con registro municipal. Es triste pensar en lo que ocurre si la basura separada alcanza los botaderos municipales: termina mezclada con todo. Aquí es donde la importancia de vincular los hábitos de la vida doméstica con el apoyo de las instituciones públicas se vuelve fundamental.

Planta de tratamiento de aguas servidas desarrollada para el proyecto Kallari: al crear reservorios de hábitat, promueve la colonización de especies nativas a la vez que limpia el agua antes de que sea desechada

Hemos conversado sobre lo que podemos hacer desde el espacio doméstico existente, ¿qué recomendaciones “verdes” darías a quienes están por construir o comprar una propiedad nueva?

A quienes quieran construir o comprar una casa o apartamento nuevos, les recordaría que están en capacidad de exigir cambios en los productos de bienes raíces que consumen. Podrían utilizar como referente de compra el listado de seis puntos que yo utilizo para evaluar el diseño medioambiental de un proyecto: energía; agua; materiales; desechos; transporte y conectividad; y cultura.

Estrategia medioambiental desarrollada por Verónica Reed para el proyecto presentado por el arquitecto argentino Claudio Vekstein al Concurso Internacional de Arquitectura CAF, Caracas, Venezuela.

¿Nos podrías explicar a qué te refieres con cada punto?

Desde el punto de vista de la energía, hay que verificar que la nueva propiedad esté bien orientada, porque la climatización de los espacios dependerá del ingreso de luz y calor. En Quito es injustificable recurrir a sistemas mecánicos de ventilación, calefacción o enfriamiento. Con diseño bioclimático se pueden lograr las temperaturas adecuadas y evitar un gasto inútil de energía. A veces la normativa restringe que se abran fachadas en sentido este-oeste, como ocurre en el caso de la Avenida República de El Salvador, pero a menos que la restricción sea insoslayable, es vital preguntarse por la orientación de la vivienda, el número de horas a las que estarán expuestos al sol diversos espacios y los flujos de aire que los envoltorios permiten sin sacrificar vistas y consideraciones estéticas.

Sistema de filtros dinámicos de luz y ventilación transversal diseñados para el proyecto Kallari

Con respecto al agua, lo ideal es comenzar a exigir que las viviendas integren un doble o triple recorrido de tuberías, de manera que el agua potable se aproveche únicamente en los espacios que lo necesitan, como duchas y cocinas, pero que no se lo desperdicie en inodoros o irrigación. Muchos argumentarán que el incremento en el costo de las tuberías es impagable, pero se pueden integrar estos sistemas incluso en proyectos de bajo costo, como pude comprobarlo cuando desarrollé un proyecto de vivienda social para Latacunga con el Centro Stardust de la Universidad de Arizona en el año 2005. El proyecto integraba un sistema doble de circulación de agua sin sobrepasar el presupuesto de US$ 14.000,00 por vivienda, pues el propósito era diseñar para los quintiles más bajos que pudieran solicitar el bono de US$ 5.000,00. Fue un proyecto piloto de buenas prácticas medioambientales para vivienda de bajo costo: proponía recolectar y filtrar el agua lluvia para utilizarla en el riego de los jardines superficiales; filtrar el agua de la ducha en las capas más bajas de tierra para irrigación subterránea y circular el agua de los inodoros a cajas de tratamiento de aguas.

Proyecto de vivienda social diseñado en colaboración con el Stardust Center for Affordable Homes y la Fundación Bien-Estar; su diseño bioclimático integra un sistema doble de circulación de agua y paneles solares.

A la hora de seleccionar los materiales, es importante rastrear su origen. Para evitar comprar madera de tala ilegal, por ejemplo, es vital asegurarse de que proceda de un bosque certificado, de uno de aquéllos que ya ha sustituido –no que está por sustituir- el árbol que se tala. Rainforest Alliance (http://www.rainforest-alliance.com/) provee una buena guía al respecto. También podemos apoyar el uso de materiales que incorporan componentes reciclados en su manufactura (como ocurre en el caso de varias alfombras). Hay que evitar, no sólo por razones medioambientales, sino también de salud, las pinturas que contengan plomo y buscar aquéllas que se fabriquen con mayores cantidades de agua. También hay que evitar los materiales cuya producción consume excesiva energía. Procesar un perfil de aluminio, por ejemplo, absorbe treinta veces más energía que procesar uno de madera. En última instancia, dado el caso, la decisión entre perfiles de madera y aluminio dependerá de las relaciones entre diseño y costos –incluidos aquéllos del mantenimiento. Lo importante es encontrar los productos de menor impacto medioambiental dentro del costo que podemos pagar y los gustos que nos satisfacen.

Si pensamos en el manejo de desechos, queremos reciclar y estamos por comprar un apartamento, debemos asegurarnos de que el edificio provee una zona de reciclaje con por lo menos tres grandes contenedores de separación de basura.

Cuando hablo de transporte y conectividad me refiero a que es importante seleccionar proyectos que ofrezcan facilidades para que los usuarios puedan utilizar transporte alternativo como bicicletas, con zonas seguras de almacenamiento, fácil acceso y servicios complementarios como duchas. La ubicación de los proyectos o terrenos tampoco debe subestimarse, pues deben proveer la posibilidad de conectarse fácilmente a los medios de transporte público. A los sitios alejados sólo se puede acceder en automóvil, cuyo uso es cada vez menos sostenible. Incluso desde el punto de vista del suelo, aprovechar los vacíos que ocurren dentro de una trama urbana consolidada es mucho más responsable que contribuir a una expansión urbana desmedida.

Por último, la cultura es importante, porque la sostenibilidad económica y medioambiental está íntimamente relacionada con el estilo de vida y los patrones de consumo de una comunidad; propone proyectos que responden a nuevos valores e incluso nuevos hábitos. El diseño bioclimático, por otra parte, se adapta a las condiciones específicas de una cultura, un clima, una economía… no podemos seguir construyendo de la misma manera en la costa, la sierra, el oriente y Galápagos. Cada microclima impone sus propias demandas y exige diversas respuestas –las culturas locales y su arquitectura vernácula han sabido responder muy bien a su entorno, por eso hay que respetarlas y escucharlas, antes de proponer imposiciones. Los guayaquileños, por ejemplo, han ocupado tradicionalmente espacios abiertos, como los porches o las galerías cubiertas. Ahora, muchos se han acostumbrado a vivir o estar en espacios cerrados que incrementan la dependencia en sistemas mecánicos de ventilación y refrigeración. En lugar de obligar a la gente a adaptarse a la casa o edificio hay que adaptar el diseño de la casa o edificio al uso cultural.

¿Cómo podemos viabilizar la introducción de jardines, cubiertas verdes, soportes para plantas trepadoras y huertos urbanos en nuestras casas o apartamentos? ¿Podrían éstos, a su vez, servir de soporte a la vida animal y contribuir a generar una ecología urbana?

La inclusión de jardines y cubiertas verdes en el espacio urbano siempre significará un beneficio para sus ciudadanos y para mejorar las condiciones medioambientales. Contribuyen significativamente a reducir el “efecto de isla de calor” (las temperaturas suben en uno o más grados en los cascos urbanos). Además, los jardines permiten aprovechar el agua lluvia y, gracias a su naturaleza porosa, evitar los grandes desfogues que se canalizan por las superficies duras. En las zonas de densidad poblacional media o alta tiene mucho más sentido la inclusión de cubiertas verdes que en las zonas de densidad baja, donde la existencia de mayores superficies verdes hace injustificable el gasto adicional. Se debe tomar en cuenta que este tipo de intervención requiere de mantenimiento y renovación periódica. Por este motivo, sería conveniente plantear a las autoridades municipales la creación de un incentivo verde, que permita a los constructores y/o promotores incluir cubiertas verdes en sus edificios en altura de mediana y alta densidad. Uno de los estímulos podría ser la posibilidad de construir un piso más como compensación por el costo inicial de introducir componentes medioambientales.