Texto publicado en Revista Clave, Quito, Enero 2012 (Nota: todas las fotografías son cortesía de los participantes del Taller. Les agradecemos por la generosidad de compartirlas).

San Pablo: Ciudad Territorio

San Pablo es famosa por su enormidad: según la Empresa Paulista de Planeamiento Metropolitano, la Región Metropolitana abarca un área total de 42.737 Km2 y en ella habitan aproximadamente 25 millones de habitantes (Fuente: World Association of the Major Metropolises). Es decir, la ciudad equivale a casi un quinto del territorio de nuestro país, y su población supera a la población total de Ecuador (desde el punto de vista demográfico, nuestro país es apenas una megalópolis).  Asociamos su nombre con la mata interminable de sus edificios modernos, que no se aprietan en racimos verticales abriéndose paso entre un manto horizontal desbordado en todos los horizontes, como en el DF; ni en los clusters de rascacielos tan característicos de las urbes estadounidenses; ni en los territorios de vidrio de las nuevas metrópolis asiáticas. San Pablo es una verticalidad continua, constante; un mar de edificios con estructura de hormigón armado; un reino de aristas autónomas que se aproximan, vertiginosas. Sabemos que posee (o poseía) la flotilla de aviones privados más grande del planeta. Los pudientes circulan por el aire para cubrir las distancias que permanecen atestadas e intransitables en tierra. A los más marginales les tomaría un día laboral acceder a las fuentes de trabajo, entre ir y venir. Una ciudad de contrastes, en San Pablo se radicalizan las condiciones que parecen caracterizar a la mayoría de ciudades latinoamericanas. En ella, como en todas, conviven Paraisópolis y Morumbi, mano a mano. Es quizás esa urbanización extrema, cruzada por los corpulentos tendones de su infraestructura, la que ha engendrado y sustenta a una de las inteligencias arquitectónicas más importantes del planeta –tan particular que se la conoce como Escuela Paulista. Diez de sus mejores representantes, discípulos de Paulo Mendes da Rocha y, por extensión, de João Batista Vilanova Artigas, estuvieron en Quito en septiembre del año pasado para participar en el VI Taller Internacional “Laboratorio Ciudad de Quito” en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Artes de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Durante la semana que dura el taller, pude disfrutar de la serie de conferencias matutinas que dictaron los paulistas sobre su trabajo; los principios éticos y estéticos que lo rigen; y sus visiones para la San Pablo del futuro. Comparto con los lectores de Clave algunas notas.

El barrio auto-construido de Paraisópolis (izquierda) al lado del gated-community de Morumbi (derecha)

Un proyecto de ciudad y una colectividad de arquitectos:

el caso de la Fundación para el Desarrollo de la Educación (FDE)

Uno de los proyectos más interesantes que ha engendrado, como colectividad, la escuela paulista, con el apoyo y la promoción del gobierno del Estado de San Pablo (e inspirándose en el exitoso proyecto de acupuntura urbana que ha ubicado en el centro del debate urbano a Medellín) es el Programa de Construcción de Escuelas Públicas. Lo que el proyecto se propone es revitalizar los barrios más marginales de San Pablo a través de la introducción de infraestructuras educativas de elevada calidad arquitectónica. La estrategia urbana es similar a la de Medellín: se introduce un servicio público; o como diría Jaime Lerner, uno de los precursores de la acupuntura urbana (el otro es el catalán Manuel de Solá-Morales),  se da un “pinchazo” en un punto neurálgico y crítico de la ciudad, con la previsión de que contribuirá a suplir una carencia urbana a la vez que  cataliza la regeneración de los tejidos circundantes. La inversión pública se traduce, eventualmente, en inversión privada y la mejora barrial se amplifica. La estrategia arquitectónica, sin embargo, es diferente. Medellín apostó por el ícono. Las bibliotecas parque o escuelas que constituyen la corona del desarrollo urbano e infraestructural que las hace posibles, son icónicas, únicas, formalmente expresivas: aspiran a contribuir un significado, un símbolo, en barrios que de otro modo, difícilmente se distinguen. En San Pablo, en cambio, la escala urbana y la magnitud de la propuesta (construir más de 200 escuelas en una década) exigió otro tipo de respuesta: sus arquitectos propusieron desarrollar un sistema modular que permitiese la fabricación industrial, en serie, y un ensamblaje eficiente, para reducir al mínimo los tiempos de construcción y los costos, sin que se sacrifique la posibilidad de generar variedad. De hecho, cada escuela es única, pero como variable, no como pieza irrepetible. Varios de los arquitectos paulistas que nos visitaron en Quito contribuyeron no solamente a diseñar el sistema constructivo modular, sino también algunas de sus aplicaciones conforme las adaptaron a las condiciones particulares de cada barrio y a su visión propia de la pedagogía. Muchos, por ejemplo, optaron por ubicar en la cubierta funciones colectivas (como las deportivas o lúdicas) que tradicionalmente se asignan a la planta baja, para garantizar seguridad a los  niños.

 

Escuela FDE Jardín Umuarama, SIAA (Shundi Iwamizu Arquitetos Associados), San Pablo, 2005; Escuela FDE Campinas F1, MMBB  (Fernando de Mello Franco, Marta Moreira & Milton Braga), San Pablo, 2003; Escuela FDE en Campinas, UNA ARQUITETOS (Cristiane Muniz, Fábio Valentim, Fernanda Barbara & Fernando Viégas), San Pablo, 2004; Escuela FDE en Vilanova, H + F Arquitectos (Pablo Hereñú & Eduardo Ferrari), San Pablo, 2003-2006; Escuela FDE en Nueva Cumbica, H + F Arquitectos (Pablo Hereñú & Eduardo Ferrari), San Pablo, 2009-2013; Jardín Herplin, H + F Arquitectos (Pablo Hereñú & Eduardo Ferrari), San Pablo, 2009-2012; Escuela FDE en San Pablo, Alvaro Puntoni & Angelo Bucci, San Pablo, 2005 (Fotos Nelson Kon); Escuela FDE en Votorantim, Alvaro Puntoni , João Sodré & Jonathan Davies, San Pablo, 2009; Escuela FDE Jardín Angélica III, Luciano Margotto (Nucleo de Arquitetura [1988-2010]/REPUBLICA arquitetura [2010-]), San Pablo, 2004-2006

El impulso infraestructural y la arquitectura: los edificios-puente de la escuela paulista

La infraestructura se ubica en el origen de la Modernidad. La historia de la arquitectura Moderna cuenta entre sus precedentes a puentes y estaciones de tren. De hecho, arquitectura e ingeniería eran una y la misma disciplina en el amanecer de la industrialización. En San Pablo, esta relación inexpugnable no ha cedido: la arquitectura es infraestructura o se concibe como tal. El arquitecto y teórico de la arquitectura Guilherme Wisnik nos lo hizo notar en una introducción magistral que abrió el ciclo de conferencias curado por él y el arquitecto ecuatoriano Alexis Mosquera, Decano de la FADA-PUCE. Sólo una mente lúcida podía poner de relieve los aspectos más sobresalientes de la arquitectura paulista en un período de tiempo tan breve: los paulistas construyen casas-puente, museos-puente, escuelas-puente, torres-puente… y puentes literales, cuando la infraestructura vial lo demanda. Es verdad que los edificios-puente reflejan, de alguna manera, esa necesidad tropical de montarse en palafitos; de abrir la planta baja al paso del aire, la luz y los cuerpos. También es verdad que la arquitectura vernácula de los trópicos entró fácilmente en resonancia con las formulaciones del Modernismo internacional, particularmente con las síntesis de Le Corbusier, cuyos pilotes despegan al edificio del suelo para proveer espacio público, sombra, circulación y la compenetración de paisaje y arquitectura. Pero en la arquitectura paulista la levitación es distinta; la crudeza de sus superficies (afín con el brutalismo del alto Modernismo), la musculatura de los puntos de apoyo, las acrobacias estructurales de los volúmenes cerrados que atraviesan grandes luces, resuena mucho más con la potencia del puente y su necesidad de salvar precipicios profundos o resistir corrientes poderosas. Hay un territorio implícito, aludido, a veces imaginado o conjurado como topografía artificial, en cada gesto de la escuela paulista. Y en los intersticios de los espacios suspendidos, los paulistas cuelgan sus hamacas, se organizan colectivamente, se urbanizan. Los interiores de los edificios permanecen abiertos, sin puertas, interconectados, fluidos, flexibles: cualquier actividad puede tener lugar en ellos. Según Wisnik, esta apertura encarna la concepción de democracia de los precursores de la escuela paulista, Vilanova y Mendes da Rocha, quienes fueron removidos de sus cátedras universitarias en 1968, cuando la dictadura militar que rigió Brasil entre 1961 y 1969, se recrudeció. El cerramiento de los edificioes, en cambio, es duro, hermético. La estructura, la masa y las texturas proveen el contrapunto para que se haga la luz (a menudo de origen cenital) y se animen los espacios.

Wisnik nos cuenta que la tradición infraestructural arranca con la cruz que marcó el nacimiento de Brasilia; el cardo y el decumano de una nueva Roma en un nuevo imperio suramericano, que no se inspiró en el lenguaje greco-romano que dio forma, figura y símbolo a otras capitales, como Washington DC. Los paulistas, de hecho todos los brasileños, estaban pendientes de los desarrollos urbanos, paisajísticos y arquitectónicos de su nueva capital (que arranca en 1957 y se inaugura en 1960). En San Pablo, los sueños de unificación brasileña que engendró Brasilia desbordaron el territorio nacional para abarcar al continente suramericano. Es bien conocido que el padre de Paulo Mendes da Rocha (el segundo Pritzker brasileño), era un ingeniero que aspiraba a unificar las cuencas hidrográficas del Amazonas y el Río de La Plata. Y no es coincidencia que Fernando Henrique Cardoso, el gestor de la integración infraestructural suramericana, se haya formado y radicado en San Pablo, aunque sea oriundo de Río de Janeiro. La visión sin límites del desarrollismo paulista permeó el pensamiento geo-político del sociólogo que llegaría a ser Presidente durante dos períodos consecutivos de la gran nación del Sur, y el principal proponente de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, la plataforma que facilitaría la formulación de UNASUR y la construcción (o compleción) de las redes de transporte, energía y telecomunicaciones que hoy, poco a poco, nos articulan. En el corazón del proyecto continental que agita nuestras imaginaciones, está la arquitectura paulista y visionarios como Paulo Mendes da Rocha, quien considera que “la primera y primordial arquitectura es la geografía”.[1] Sus bocetos no se limitan a describir e imaginar edificios. Ni siquiera se limitan a proyectar ciudades. A menudo son territorios en los cuales ríos, bosques, puertos, edificios y buques se relacionan conforme escriben el espacio.

Gracias a este ciclo de conferencias comprendí que desde la arquitectura se sueña el territorio continental; la arquitectura paulista, pensada como infraestructura de gran escala, se propone –según Wisnik- construir América. El modelo para la proyección técnica y filosófica de nuestro continente es un paradigma paulista. Por eso es nuestro deber conocerlo y compartirlo. Cada uno de los arquitectos que participó en el taller merecería un espacio propio, de manera que podamos indagar en las particularidades y los rasgos característicos de su ejercicio profesional, más allá de las generalidades que los mancomuna y he escogido enfatizar en este breve texto. Porque el espacio no lo permite, dejo a la curiosidad de cada lector la exploración del rico mundo de Martín Corrulón (Metro Arquitetos), Mario Figueroa (Estúdio América), Pablo Hereñú (Arquitetos Cooperantes), Luciano Margotto (Núcleo de Arquitetura), Marta Moreira (MMBB Arquitetos), Lua Nitsche (Nitsche Arquitetos), Álvaro Puntoni (Grupo SP Arquitetura), Cesár Shundi (SIAA Arquitectura) y Fernando Viégas (Una Arquitetos).

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de San Pablo ha marcado el desarrollo de la escuela paulista;

fue diseñada por João Batista Vilanova Artigas (1915-1985) en 1961

 

Uno de los primeros precedentes de la arquitectura paulista: Casa-puente diseñada por João Batista Vilanova Artigas; Gimnasio del Club Atlético de San Pablo, Paulo Mendes da Rocha, San Pablo, 1958; Museo de Arte de San Pablo, Lina Bo Bardi, San Pablo, 1968; Museo Brasileño de Escultura, Paulo Mendes da Rocha, San Pablo, 1987-1995; Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, ESTUDIO AMÉRICA (Carlos García, Guilherme Motta, Lucas Fehr, Marcus Vinicius Damon & Mario Figueroa), Santiago, Chile, 2010; Residência na Vila Romana, MMBB (Fernando de Mello Franco, Marta Moreira & Milton Braga), San Pablo, 2004-2006; Nestlé, Metro Arquitetos Associados, San Pablo, 2009-2011; Cais das Artes, Paulo Mendes da Rocha con Metro Arquitectos Associados, Victoria, 2007-2012; Nueva estación Piqueri de trenes metropolitanos, UNA ARQUITETOS (Cristiane Muniz, Fábio Valentim, Fernanda Barbara & Fernando Viégas), San Pablo, 2006-2007; Pabellón Carambó, UNA ARQUITETOS (Cristiane Muniz, Fábio Valentim, Fernanda Barbara & Fernando Viégas), San Pablo, 2001; Casa en Carapicuíba, Alvaro Puntoni & Angelo Bucci, San Pablo, 2002 /2007 (Fotos Nelson Kon); Edificio en la Avenida Simpatía; Álvaro Puntoni , Jonathan Davies & João Sodré; San Pablo, 2006-2011; Sede de Sebrae, Luciano Margotto (Nucleo de Arquitetura [1988-2010]/REPUBLICA arquitetura [2010-]), SGAS, Brasilia  DF, 2008-2010; Casa en Iporanga, NITSCHE ARQUITETOS (Lua Nitsche, Pedro Nitsche & João Nitsche), Litoral de San Pablo, 2006



[1]  Mendes da Rocha, Paulo. A cidade para todos. En: Artigas, Rosa Camargo. Paulo Mendes da Rocha. San Pablo: Cosac & Naify, 2000.